"La fealdad es un error de sintaxis"
A sus 76 años, el escritor y filósofo italiano es casi una
leyenda viviente: autor de best sellers como El nombre de la rosa, estudioso
de las culturas contemporáneas y al mismo tiempo amante de los clásicos, Eco
concedió esta única entrevista sobre la belleza y la fealdad, a Catalina Gómez,
en exclusiva para Arcadia, durante el reciente Hay Festival en Granada, España.
Catalina Gómez*
Granada
Lo encontré mientras caminaba despacio hacia a
la puerta del Parador de la
Alambra, en Granada, para ver si aún estaba por allí. Llegaba
tarde, cinco minutos tarde. La cantidad de buses turísticos que transitan por la Alhambra eran los
culpables, le expliqué. "Acá está, pues vamos", dijo con un tono de maestro
condescendiente y cariñoso mientras que con la mano en la que sostenía el puro
apagado, que no abandonó en toda la entrevista, hizo un gesto para que lo
siguiera hasta el patio central de este antiguo Palacete convertido en hotel de
cinco estrellas.
Desde que aceptó la invitación para participar en la primera versión del Hay
Festival de Granada, Umberto Eco advirtió que no daría entrevistas, solo una
rueda de prensa general. Y lo había cumplido a pesar de que hasta último
momento decenas de periodistas llegados de varios países de Europa seguían
insistiendo. Es uno de los intelectuales europeos de mayor importancia por lo
que nadie desaprovecha la oportunidad para hacerlo opinar de lo divino y lo
humano. Así que tener la oportunidad de conversar con él en ese momento era
todo un lujo. Casi un milagro que tiene nombre: Daniel Mordzinski. Los
escritores mismos lo dicen, Daniel lo consigue todo.
Eco había posado para Mordzinski el día anterior en su habitación del Parador a
propósito de un libro sobre escritores en cuartos de hotel que prepara este
fotógrafo argentino radicado en París. Daniel, que no deja nada por preguntar,
le habló del interés de Arcadia por entrevistarlo y agregó que la periodista
vivía en Teherán. Aceptó de inmediato, luego entenderíamos una de las razones:
en la inmensa biblioteca de su casa de Milán no tiene ninguno de sus libros
traducidos al persa porque las editoriales en Irán no pagan derechos de autor y
nunca sostienen relaciones con los escritores. Sus deseos serán ordenes.
"No sabía que en Colombia leían mis columnas, en el periódico en Italia nunca
me dicen en qué países me las publican. A Colombia fui hace unos años, a
Cartagena, allá estuve con Gabo", dice mientras indica dónde sentarme y él se
dirige al bar: "Póngame un malta doble con tres cubos de hielo, por favor". Es
de los pocos placeres que le permiten en estos tiempos. Nada de comidas con
altas dosis de grasa ni de sal, lo que es un gran sacrificio para un gordo
gourmet, gocetas, buen conversador y jubilado de 76 años como él, a quien si le
pusieran una sotana se convertiría de inmediato en un monje entrañable de El
nombre de la rosa. "Acabo de publicar dos libros: Sobre la fealdad y Decir casi
lo mismo que tiene 600 páginas, les importaría dejarme tiempo para que me ocupe
de cosas como el sexo", había dicho en la rueda de prensa cuando le preguntaron
qué escribía actualmente.
"¿Usted ha oído hablar de los tiempos muertos? Pues en esos dos minutos que
tarda en llegar el ascensor yo trabajo", dijo al hablar sobre cómo lograba ser
tan productivo. La verdad no había que preguntarle mucho esa tarde. Estaba
radiante y con razón. Su conferencia de la noche anterior había sido un éxito,
el público lo había aclamado como a una estrella de rock, Granada estaba
preciosa, totalmente florecida y hacía buen tiempo. Más que buenas razones para
que él no parara de hablar, de hacer gestos, de reírse... "Al libro Sobre la
belleza le hubiéramos podido poner adentro la guía de teléfono y se hubiera
vendido. No hay un concepto más seductor que ese. Mentiras, solo hay uno: la
fealdad", dijo antes de empezar en su español italianizado a pesar de que
advirtió que lo haría en inglés.
Piensa entonces que fue más excitante hacer la historia de la
fealdad...
Sí. Todas las novelas de este mundo, todos los dramas de este mundo que se han
escrito, después de la tragedia clásica, no tratan sobre personas que viven
felices, sin problemas. Pero sí de homicidios, parricidios, tragedias,
adulterios, masacres, etcétera. Eso significa que el bien no permite muchas
variaciones. El bien en su circunstancia más desarrollada tiene la
contemplación de Dios, pero no se puede hablar mucho de la contemplación de
Dios, es siempre la misma. Dante, que ha sido uno de los pocos que ha tenido la
valentía de escribir la visión de Dios, no fue capaz de hacerlo en más de 15
versos. No era posible decir nada más. Hay ciertas novelas que hablan de una
vida tranquila, pacífica, feliz en la naturaleza, pero son muy pocas. Esto
confirma que lo hermoso tiene límites. Un ser humano hermoso no puede ser más
bajo que un metro veinte y mas alto que dos metros, de lo contrario no es
hermoso, es un enano o un gigante. Al contrario, el feo es infinito.
Usted dice también que la belleza es politeísta, que hay muchos
estándares reconocidos de belleza...
Cierto. Yo suelo dar tres ejemplos de lo que puede ser la belleza de una mujer,
muy diferentes uno del otro. Pero entre ellas hay una analogía fundamental, no
pueden ser de un tamaño exagerado, no pueden ser demasiado pequeñas. Así que
hay límites que están probablemente fundados sobre la estructura de nuestro
cerebro.
¿Es decir que los cánones de belleza están calcados en nuestra memoria?
Creo que están fundados sobre límites biológicos, probablemente. Un gato no
puede ser muy grande porque sería un tigre, o muy pequeño porque ya no sería un
gato. Hay una categoría estética de la antigüedad, de la Edad Media, en la que
la belleza requiere proporciones, claridad y también integridad. ¿Qué significa
integridad? Que un ser tiene que tener todo lo que su especie requiere para
poder pertenecer a ella. Los filósofos de la Edad Media decían que
un hombre sin un brazo o sin un ojo es feo. Porque no tiene todo lo que se
necesita para ser un hombre, según la ley de la especie. Un hombre con tres
piernas es feo, si tiene una pierna, también es feo. Esa noción de integridad
que parece tan banal, filosóficamente es muy interesante. Esta es la fundación
biológica del juicio de hermosura, de belleza. Eso significa que tenemos una
visión instintiva de las especies. Hay una regla biológica.
¿Y todo lo que no cumpla esa regla es feo? ¿Es lo que usted ha llamado
la fealdad formal?
El feo es la violación de esta regla biológica y una regla puede ser violada de
diez mil maneras diferentes. ¿Podía usted pensar antes de la existencia de
Hitler en algo tan extremadamente malo como Auschwitz? No, la humanidad vivió
muchas masacres terribles en el pasado, pero ninguna como esta. Pero mañana se
puede dar una masacre más terrible que esta. Así que los límites siempre se
pueden violar. La fealdad es un error de sintaxis, por eso es infinita.
Pero los modelos de belleza cambian y lo que se creía antes feo puede ser hermoso
para otros. Incluso lo que es feo para una cultura es hermoso para otra...
La belleza es relativa a todas las épocas. El hecho de que haya reglas
biológicas no niega que se pueda hacer algo interesante a través de la
violación de estas reglas. Cosas que son desagradables para unos, no lo son
para otros, pero la manera de demostrarlo es siempre la misma. He dicho que
tenemos una visión más o menos biológica de la mujer, pero las mujeres de las
pinturas de Picasso son lo contrario de lo que nosotros pensamos. Esta es una
dialéctica entre lo que tenemos como regla general en la cabeza y lo que el
pintor hace, que provoca la tensión estética de la novedad.
Actualmente alguien puede considerar que un hombre sin un ojo, o lleno
de aretes en el cuerpo es hermoso. La fealdad artística a la que usted se
refiere como otra categoría de fealdad.
No, es considerado un objeto interesante mas no hermoso. Nadie dice que lo
interesante es necesariamente hermoso. Hay culturas en lo que lo feo llega a
hacer interesante.
En mi Historia de la fealdad, a propósito del romanticismo, hay una parte en el
que Victor Hugo dice que en aquella época la verdadera hermosura era "lo
interesante", y a partir de lo interesante lo feo. En "El hombre que ríe" hay
un personaje llamado Gwynplaine. Es un hombre a quien torturan hasta
transformarlo en una especie de monstruo, y que luego es utilizado para hacer
espectáculo. Por otro lado, está Lady Josiana, una gran aristócrata,
hermosísima, bellísima, viciosísima, que se enamora de él porque es feo. Su
corrupción es tal que solo puede enamorarse de lo más feo del mundo. Entonces
se puede ver que desde el Romanticismo, a través de la vanguardia, hay una
nueva apreciación del feo en tanto interesante. No es que el feo se vuelva
hermoso. Lo que pasa es que nosotros estamos tan acostumbrados a identificar el
gozo estético con la hermosura que decimos que el feo es hermoso. No. El feo es
interesante y llega a ser el sujeto fundamental del arte. Eso quiere decir que
el hermoso artístico es otra cosa. Hay una bella representación del feo.
Entonces, Lady Josiana estaba enamorada del ‘hombre que ríe' porque en su
corrupción a ella le gustaba el feo, pero en la representación artística de
Hugo se hace una hermosa representación del feo. Eso quiere decir que nosotros
no estamos como Lady Josiana, nosotros estamos en otra situación. Nosotros
admiramos la hermosa representación de la fealdad del personaje, que es
diferente a la corrupción de Lady Josiana que solo amaba lo feo. Esto es muy
complicado.
Pero hoy en día se considera hermosa de alguna manera la flacura
extrema, por ejemplo, que podría tomarse como una forma de corrupción de las
personas que la disfrutan.
La historia de la anorexia no tiene nada que ver con lo estético sino que tiene
que ver con el hecho de que en cierto momento el modelo de hermosura estaba
relacionado con las modelos muy flacas, pero que lo eran en una medida
razonable. Y para volverse tan flacas como estas modelos hubo un montón de
niñas que empezaron a ser anoréxicas. Pero la anorexia es una enfermedad de la
mente. El problema es que la mujer anoréxica nunca llega a ser tan linda como
la modelo de la pasarela, sino peor. Es como si el modelo de hermosura fuera la Venus de Rembrandt y para
ser como ella las mujeres empezaran a comer y a comer. Esto no tiene nada que
ver con el modelo de hermosura, eso es bulimia.
Usted hablaba de las proporciones en la belleza. Pero esas proporciones
ya no existen, están desvirtuadas...
¿Quién dice que lo que es presentado hoy por las artes o la publicidad es un
modelo de hermosura? Es un modelo de lo interesante, no de hermosura. Cuando
ciertos artistas que hacen performance se cortan el dedo o el pene, para mí,
eso no tiene nada que ver con la hermosura. Tiene que ver con una excitación
particular, la provocación, lo interesante. Simplemente se puede decir que el
arte contemporáneo ha abandonado el ideal de la hermosura.
¿El ideal de la hermosura ha perdido importancia?
En el arte contemporáneo sí, pero no en el diseño industrial. Si una persona
quiere comprar un auto, un factor determinante a la hora de escogerlo es que
sea hermoso. Lo mismo pasa si quiere comprar una corbata, una lámpara o un
vaso. Simplemente la hermosura no tiene nada que ver con el arte. ¿Estamos de
acuerdo?
¿Eso quiere decir que el arte perdió esa necesidad de ser hermoso?
Yo sugiero dos respuestas. No digo que esté convencido de ellas, pero son las
respuestas que creo posibles. La primera es que el verdadero arte de nuestro
tiempo esta en la fabricación de un vaso, de una cámara, de un teléfono. Pero
es un acto que no tiene que ver con el arte como actividad artística, es un
hecho comercial, de curiosidad. La segunda es que la identidad entre arte y
hermosura no es una idea tan antigua. Es una idea moderna. En la antigüedad
había un problema de la hermosura: estaba la hermosura espiritual, la hermosura
de la naturaleza, la hermosura del cuerpo humano.
El arte estaba en otra cosa. Los griegos, los romanos, los de la Edad Media incluían
bajo el término de arte a la peluquería, a la fabricación de barcos... Todas las
técnicas. Lo que nosotros llamamos técnica, hacía parte del arte para ellos. En
este sentido no había identificación total entre arte y hermosura. Esta
identificación es muy moderna, llegó después del Renacimiento, y puede ser que
la historia haya dado la vuelta de nuevo y estemos en un nuevo divorcio entre
el arte y la hermosura. ¿Por qué no? O entre cierto arte y cierta hermosura. Yo
escribo novelas pero tengo la idea de que tiene que ser algo hermoso. Pero el tipo
que se corta el pene no creo que quiera hacer algo hermoso, quiere hacer algo
provocativo, violento. Tiene que ver algo más con la ética que la estética.
Pero puede haber personas que encuentren hermosura en ese performance
en que el hombre se corta el pene...
El hecho está en que el tipo de arte que no tiene hermosura, los performances,
por ejemplo, le interesa a una porción muy pequeña de la humanidad. Los otros
se interesan en el vaso, la cámara, la corbata. Así que esta puede ser una
actitud muy esnob y aristocrática de los intelectuales. Puede ser que en dos
siglos el máximo ejemplo de arte contemporáneo sea un computador personal o un
Mercedes. ¿Quién nos dice que en dos siglos el modelo de arte será el
performance y no el Mercedes? |
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